miércoles, 31 de agosto de 2011

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Su sonrisa la de ella
era como una oferta un anuncio un esbozo


su mirada la de él
iba tomando nota de cómo eran sus ojos

(Mario Benedetti)

martes, 30 de agosto de 2011

El día después.



Tic. Tac. Tic. Tac.
Tengo que arreglar ese viejo reloj.
Si sigue haciendo ese ruido, acabaré por volverme loco.
Más aún, quiero decir.
Tic. Tac. Tic. Tac.
Apoyo mi espalda contra la rugosa pared, encogido para amortiguar el frío. Mis ojos ya se han acostumbrado a la penumbra, pero lo único que puedo distinguir, en cualquier caso, es el diminuto habitáculo que me sirve de escondite. Hace años debió de servir como alacena, y son las latas en conserva llenas de polvo que alguien abandonó las que me han mantenido vivo estos días. Aunque supongo que lo único que he conseguido ha sido prolongar un poco más mi muerte.
Tic. Tac. Tic. Tac.
A veces, pienso en la pesadilla que tuve justo antes de abandonar la ciudad. Podía oír los gritos desesperados, una bomba cayendo, un edificio derrumbándose cerca de mi casa. Una luz naranja brillante lo inundaba todo, junto con el asfixiante humo que empezaba a impedirme respirar. Los edificios ardían como simples cerillas. Mi hermana entraba en mi habitación, gritando mi nombre. Un corte le atravesaba la mejilla, pero ni siquiera parecía ser consciente. Y, entonces, todo se volvió negro
Después, recuerdo que no fue sólo una jodida pesadilla.
Tic. Tac. Tic. Tac.
Puede que, después de todo, no arregle ese reloj.
A lo mejor, si acabo por enloquecer, esto se vuelve más divertido.

Champagne, anfetas

y adiós


lunes, 29 de agosto de 2011

Queridad Soledad.


Es cierto que tengo mucho que contarte. Tengo que darte las gracias por todos los días que has estado a mi lado este verano, soportando ser invisible para los demás. Tengo que pedirte perdón por todos los "muy bien, ¿y tú?" que he dicho ignorándote. Tengo que reconocer que me he acostumbrado a tu presencia, a que seas tú quien me despierta con un beso dulce cada mañana. 
Tengo que confesarte que nunca me olvido de ti.


We are all connected.

jueves, 25 de agosto de 2011

martes, 16 de agosto de 2011

The Army goes rolling along.


<<Los hombres ya no saben si lo son, pero lo quieren creer. Las madres que ya no saben llorar ven a sus hijos partir. La tristeza aquí no tiene lugar  cuando lo triste es vivir. >>



Silencio.
Es lo que une a los hombres dentro del avión. Ya no saben distinguir si la oscuridad que contemplan es por la falta de ventanas o tan solo el abismo de su miedo.
Lo único que sienten son sus labios intentando gritar ese “¡pero yo no quiero ir!” desgarrado.
Lo único que quieren es no pensar, cerrar los ojos y poder creer que es otra pesadilla más.

Las madres que acudieron a decir adiós ya han desaparecido. Las despedidas no son nunca agradables, pero, cuando todos saben que puede ser la última, son demoledoras. Solo han podido llorar, y rezar a algún dios sin nombre, pidiéndole que los jóvenes que ven alejarse vuelvan a sus casas algún día. ¿Qué se puede hacer al ver a tus hijos partir hacia la guerra, sino dejarse invadir por la tristeza?

Aquí ya no hay sitio para esperanzas, no tiene lugar la alegría. Cuando la luna se alza en el cielo, lo único queda en la noche triste es una quietud que quita las pocas ganas de vivir.
Es la desesperación muda de todos los que nunca podrán gritar.

Después de todo, es solo silencio.

 
(Relato propio, ganador del concurso "Demuestra tu talento II,
del Foro LauraGallego.com)

martes, 9 de agosto de 2011

Nos hicieron creer


que cada uno de nosotros es la mitad de una naranja, 
y que la vida solo tiene sentido cuando encontramos la otra mitad. 
No nos contaron que ya nacemos enteros
que nadie en nuestra vida merece cargar en las espaldas 
la responsabilidad de completar lo que nos falta.

(John Lennon)

lunes, 8 de agosto de 2011

Talantes.

Un hombre alegre
es uno más
en el coro de hombres alegres.
 
 
 Un  hombre triste
no se parece
a ningún otro
hombre triste.
 
(M. Benedetti)

Say goodnight,

just sleep tight.


lunes, 1 de agosto de 2011

Me he vuelto loco aquí,

ahora,
midiendo la muerte del
tiempo.

(Charles Bukowski)